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Juana Azurduy, a 210 años de la gesta militar: la amazona de la revolución que venció en el Alto Perú

Un día como hoy, al frente de una tropa de mujeres e indígenas, derrotó a los realistas en El Villar. Admirada por Belgrano y Bolívar, fue ascendida post mortem a generala

Juana Azurduy, a 210 años de la gesta militar: la amazona de la revolución que venció en el Alto Perú

Juana Azurduy, con una estrategia militar de vanguardia, hizo frente al ejercito realista / Cultura, Nación

3 de Marzo de 2026 | 00:41
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El 3 de marzo de 1816, en El Villar, en el Alto Perú, una mujer encabezó una ofensiva que terminó con la retirada de las fuerzas realistas comandadas por el general José Santos de La Hera. Aquella mujer era Juana Azurduy, y la victoria no sólo tuvo impacto militar en el norte del antiguo Virreinato del Río de la Plata: consolidó un liderazgo popular que desafiaba las estructuras coloniales y el lugar asignado a las mujeres en la guerra.

Su tropa estaba integrada por varias mujeres y alrededor de doscientos indígenas armados con lanzas, arcos y garrotes. En condiciones precarias, con escasos recursos y frente a un ejército profesional, Azurduy desplegó tácticas de sorpresa y emboscada que resultaron decisivas. Aquella acción le valió el reconocimiento de las Provincias Unidas y el ascenso al grado de teniente coronel otorgado por Manuel Belgrano, quien además le obsequió su sable en señal de admiración.

UNA JEFA MILITAR EN EL ALTO PERÚ

La imagen de Azurduy montada a caballo, con chiripá blanco y casaca roja, recorriendo el frente para alentar a sus tropas, quedó grabada en los partes militares. En uno de ellos, Belgrano subrayó que había sido ella quien arrebató una bandera enemiga en combate, un gesto que simbolizaba la derrota del “signo de tiranía”, según sus propias palabras.

Lejos de ser una figura secundaria, Azurduy ejercía mando real. Organizó milicias indígenas, planificó ataques y lideró rescates audaces, como el de su esposo Manuel Ascencio Padilla cuando fue capturado por los realistas. Esa combinación de coraje y capacidad estratégica le dio un lugar singular en la guerra del norte. 

Había nacido el 12 de julio de 1780 en Toroca, en el norte de Potosí. Hija de una madre mestiza y un padre hacendado, creció entre labores rurales y en contacto con comunidades originarias, aprendiendo quechua y aymara. Esa cercanía cultural y lingüística sería determinante para convocar y conducir a cientos de indígenas en la lucha contra el imperio español.

Huérfana desde joven, pasó por conventos y por la tutela de familiares. A los 25 años se casó con Padilla, con quien compartió no sólo la vida familiar —tuvieron cinco hijos, de los cuales sólo uno llegó a la adultez— sino también el compromiso revolucionario.

DE LA REVOLUCIÓN DE CHUQUISACA A LA GUERRA SIN TREGUA

En 1809, cuando estalló la revolución de Chuquisaca, antecedente inmediato de los movimientos independentistas de 1810, la pareja se sumó al levantamiento contra la Real Audiencia de Charcas. Tras la represión española, quedaron señalados como insurgentes y debieron ocultarse. Desde entonces, su destino quedó ligado a la guerra.

Bajo la organización conocida como “Los Leales”, combatieron en el Alto Perú y colaboraron con el Ejército Auxiliar enviado desde Buenos Aires. Azurduy estuvo bajo las órdenes de Belgrano y participó en la retaguardia del éxodo jujeño. La derrota patriota en Huaqui y luego en Ayohuma no detuvo su accionar: por el contrario, reforzó la estrategia de guerrillas en la región.

En febrero de 1816, antes de la victoria en El Villar, las fuerzas comandadas por Padilla y Azurduy atacaron posiciones realistas en Chuquisaca. La temeridad de aquella mujer que avanzaba sable en mano sorprendía tanto a aliados como a enemigos. Su liderazgo atrajo a muchas otras mujeres que se sumaron a las cargas desordenadas pero eficaces de esas milicias populares.

LA TRAGEDIA Y LA RESISTENCIA

El mismo 1816 que la consagró también le arrebató casi todo. En septiembre, en la batalla de La Laguna, fue herida de bala mientras estaba embarazada. Su esposo fue capturado y degollado; su cabeza, exhibida en una pica como escarmiento. Azurduy logró rescatarla días después para darle sepultura.

Cuatro de sus hijos habían muerto víctimas de enfermedades como el paludismo. Con escaso apoyo material desde Buenos Aires, rearmó lo que quedaba de su tropa y se unió a las fuerzas del caudillo salteño Martín Miguel de Güemes, con quien combatió durante tres años defendiendo el norte de las invasiones realistas.

La muerte de Güemes en 1821 volvió a dejarla sin respaldo. En 1825, tras la caída definitiva del dominio español en el Alto Perú, fue recibida por Simón Bolívar, quien la ascendió a coronel y le otorgó una pensión. Sin embargo, esa ayuda fue intermitente y terminó por cesar.

OLVIDO Y REIVINDICACIÓN

De regreso en Chuquisaca, sin tierras ni recursos —sus propiedades habían sido confiscadas—, intentó sin éxito recuperar lo perdido. Vivió en condiciones precarias y murió el 25 de mayo de 1862, a los 81 años. Fue enterrada en una fosa común. La mujer que había sido ascendida en el campo de batalla y admirada por los grandes jefes de la independencia terminó sus días en la pobreza y el olvido.

Recién un siglo después sus restos fueron exhumados y trasladados a un mausoleo en Sucre. En 2009 fue ascendida post mortem a generala del Ejército argentino y mariscal de Bolivia, convirtiéndose en la primera mujer en alcanzar ese rango en la Argentina.

A 110 años de aquella victoria en El Villar, la figura de Juana Azurduy interpela la memoria histórica. Su trayectoria sintetiza la dimensión popular de la emancipación: mujeres, indígenas y mestizos que sostuvieron la guerra en condiciones adversas. También expone las contradicciones de una revolución que supo reconocer en vida su coraje, pero no garantizó su bienestar.

Recordarla hoy es ampliar el relato de la independencia y recuperar la historia de una líder que, montada a caballo y sable en mano, demostró que la libertad también tuvo rostro de mujer.

QUIÉN FUE

Nombre de nacimiento:
Juana Azurduy Bermúdez

Nacimiento:
12 de julio de 1780 en Chuquisaca (Sucre, Bolivia)

Fallecimiento:
25 de mayo de 1862 (Sucre)

Nacionalidad:
Alto-peruana (Bolivia)

Época histórica:
Guerras de Independencia en el Virreinato del Río de la Plata

Rango militar:
Teniente Coronel

Cónyuge:
Manuel Ascencio Padilla

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