UN HUMORISTA PARA VARIAS GENERACIONES

Balá pasó por La Plata: emoción, carcajadas y un colegio de fiesta  

Visitó el Lincoln y demostró que la receta sigue vigente

Por CARLOS ALTAVISTA


El Colegio Lincoln vivió ayer un día inolvidable. La presencia del cómico Carlitos Balá revolucionó, literalmente, a la comunidad de la institución, que además tuvo la oportunidad de comprender porqué el legendario humorista infantil trascendió a varias generaciones y, a los 87 años, sigue vigente. Una sencillez y humildad muy difíciles de hallar en una persona que convivió con el éxito durante 57 años de carrera, una espontaneidad que no lo abandona en ningún momento y una sensibilidad que lo lleva a soltar alguna lágrima cuando una maestra le lee una carta -la misma reacción que podría tener al recibir el mayor de los premios-, son algunas de las razones, por si faltara alguna, para que el dueño de Angueto, el perro invisible que en la víspera faltó a la cita “porque tiene un resfriado”, haya logrado, en una hora y al mismo tiempo, hacer llorar a padres, docentes y auxiliares y reír a carcajadas a niños de 6 a 12 años.

Carlitos Balá llegó al colegio de 41 entre 6 y 7 en el marco del proyecto “Una persona que atraviesa generaciones”, que llevaron a cabo los alumnos de 2° grado y del que participaron activamente las familias.

Cerca de las 10 se bajó del auto del padre de un alumno -quien lo trajo hasta La Plata-, y las autoridades de la escuela, maestras y porteras tuvieron que esperar un tiempo para que entrara al edificio: vecinos y peatones no dejaron pasar la oportunidad para tomarse una foto con el creador de “¡Mirá cómo tiemblo!” y “Digamé... meee”, entre otras frases que pasaron a formar parte del acervo popular cotidiano.

Finalmente ingresó, saludó con la amabilidad que lo caracteriza, y acto seguido preguntó “¿Qué gusto tiene la sal?”. La directora Susana Vartanian, la vice Sonia Del Amo, demás autoridades y docentes respondieron a coro: “¡Salado!”. Volvieron a ser niñas por una mañana. Como los padres ansiosos que esperaban en el SUM, adonde se dirigió sin antes “avisarles” a los directivos que “Yo venía a decirles que no me puedo quedar”. Así es Balá. Tiene un chiste a flor de labios todo el tiempo.

“Es que siempre me gustó hacer reír, lo mio es casi religioso. De chiquito hacía reír a la familia, al barrio, a los pasajeros de la línea 39 de colectivos”, le respondió a uno de los alumnos que le hicieron una entrevista, entre canciones y más chistes.

Cuando le preguntaron por su canción favorita, no se definió por una en particular, aunque admitió que “Aquí llegó Balá” siempre fue especial. Como lo fue ayer, dando inicio al show y desatando aplausos y algunos lagrimones a la vez.

¿El secreto del gestito de idea? “Es el saludo americano de OK, al que yo le agregué el chasquido con la boca”, explicó Carlitos, quien les dijo a los niños que su sueño era la salud y la paz en el mundo, y los instó a no pelear entre compañeros.

“Tome asiento”, lo invitó una docente. “¿Es lo único que hay para tomar?”, le preguntó Balá, y los chicos estallaron en una carcajada, para enterarse luego de que los chupetes que sus padres, tíos y maestras quizás dejaron en el chupetómetro “había que tirarlos porque el plástico da olor feo”. Ahora está en manos de Julián Weich, recordó.

Las canciones movilizaron a grandes y chicos. “Lección de canto”, “El profesor distraído”, “Felicidad empieza con fe” y “Amigo fiel” le pusieron ritmo a una mañana muy especial.

La comunidad del Lincoln le “regaló” un video con testimonios de docentes y padres que hicieron emocionar profundamente al humorista.

Esas docentes que a partir de ahora tendrán que reír si algún alumno -con respeto- le dedica un “Sumbudrule”, ya que Carlitos explicó que es “un insulto de salón, para dedicarle a un jefe o a una maestra mala”.

¿Y quién hace reír a Balá? Otro Carlitos: Chaplin. “Es un maestro, aprendo siempre de él”, le contó a este diario, tras afirmar que la “fórmula” para trascender generaciones es “querer a la gente. Eso es básico. Si no hacés esto con cariño, nunca vas a llegar a nadie. Yo ahora estoy emocionado como el primer día, en 1955 (cuando debutó en Radio Splendid)”, admitió. Y no lo ocultó.

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