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| De La Plata a Formosa para llevar medicina y prevención |
Un equipo multidisciplinario formado por alumnos platenses de distintas carreras de la Universidad local, se encuentra en Formosa llevando adelante un programa de promoción primaria de la salud, en comunidades absolutamente carenciadas hasta de una atención sanitaria básica, denominado "Un compromiso con la realidad".
"Nosotros crecimos pensando que en la Argentina era todo como acá, unos con más, otros con menos, pero con una forma de vida más o menos similar. Y no hay que viajar mucho para darse cuenta de que no es así. En el norte del país, en Salta y Formosa, a donde nosotros vamos desde hace tres años, hasta la pobreza es distinta. Porque en las comunidades que visitamos la gente no solamente vive en condiciones muy precarias, sino que ni siquiera conoce la posibilidad de otro tipo de vida. Y padecen enfermedades que es imperdonable que se den hoy en día, parasitosis, diarreas, sarna. Con lo que nosotros hacemos aportamos un granito de arena, pero sabemos que no alcanza, y que modificar esa realidad no depende de nosotros. Pero eso también es la Argentina". Natalia Pesavento, de 22 años, platense y estudiante de 5º año de Medicina, describía así la realidad que se vive en localidades como Fortín La Soledad o en las comunidades indígenas "Pilagá", en Formosa, mientras realizaba los últimos aprestos para iniciar, junto a otros 103 estudiantes universitarios de distintas carreras de la UNLP, el tercer viaje de "Atención primaria de la salud, prevención y promoción", que todos los años organiza la Secretaría del Centro de Estudiantes de Medicina, formando un equipo multidisciplinario del que también participan alumnos avanzados de Odontología, Farmacia, Psicología, Educación Física, Magisterio y Obstetricia. Los 103 estudiantes, junto a 3 médicos y un odontólogo, viajaron finalmente el sábado hacia Formosa, en donde permanecerán hasta el domingo 30 del corriente. "Realizamos dos viajes por año -señaló Brenda Varela (22), también platense y estudiante de 5º año de Medicina- a Salta en verano y a Formosa en invierno. El primero nos lleva mucho más tiempo, unos 25 días, porque son muchas más las comunidades a visitar, y porque llegar a cada una de ellas implica muchas horas de viaje, por senderos prácticamente intransitables. En Salta atendemos gente de La Quiaca, y de localidades como Santa Victoria e Iruya, además de pequeños caseríos llamados rodeos en donde viven no más de 50 personas, pero que quedan muy alejados unos de otros. Cualquiera de ellos, por ejemplo, tienen el hospital más cercano a 6 horas de viaje. Allí, las dificultades no son solo las carencias, sino también las barreras geográficas que se sufren". "En Formosa, en cambio -añadió Griselda Hernández (23), quien es de Pehuajó y cursa el 5º año de Medicina en nuestra ciudad- podemos hacer centro en una escuela, donde fundamentalmente tratamos que los chicos puedan desarrollar otro conocimiento, como el de la higiene primaria, para luego trasladarla a sus grupos familiares, con la posibilidad a su vez de formar referentes sanitarios para toda la comunidad". "Durante todo el año -señaló por su parte Natalia Martín, (26) estudiante de 6º año de Medicina- el grupo también hace medicina preventiva en distintos barrios carenciados del Gran La Plata como algunos de Arana y de Villa Catela. Y muchos nos preguntan para qué viajamos tantos kilómetros si acá muy cerca podemos encontrarnos con una realidad similar. Pero no se trata de la misma realidad, porque acá puede haber pobreza y también miseria, pero es muy distinto el acceso a la información, a los centros de salud. Allá en el norte, la gente vive con otra resignación, con una forma de vida que el habitante de una ciudad no puede ni siquiera imaginar".
"Hay severos problemas de promiscuidad -destacó Mario Coronel (22), estudiante de Educación Física- de higiene y de información. Hay gente que no sabe qué edad tiene, que nunca fue vacunada, que no tiene acceso a nada, que muy joven se queda sin dientes. Viven en un estado de marginación total, olvidados, con una gran necesidad de que alguien se acerque a ayudarlos. A nosotros nos esperan desde dos meses antes a que lleguemos con un gran entusiasmo. Saben que queremos ayudarlos, y tienen una gran voluntad de cambio, un cambio que solos no pueden hacer". "En Formosa -destacó Natalia Pesavento- nos separamos en grupos; unos visitan los caseríos, otros la salita de atención sanitaria y los restantes en la escuela. Hacemos encuestas sobre las condiciones de vida, y tratamos de hacernos entender con consejos elementales respecto a la prevención de enfermedades básicas, planificación familiar, higiene, el uso de medicamentos simples, cómo realizar esfuerzos físicos, etc. Lo más importante es capacitar a los maestros y a todos aquellos que puedan desempeñarse en el futuro como referentes de los demás". "Realizar estos viajes representa un gran esfuerzo, y los podemos costear en base al trabajo de todos. Hacemos rifas, bailes, todo lo que podamos para recaudar fondos, aunque este año tuvimos un gran apoyo con un premio de 10.000 dólares que ganamos por ser el nuestro el mejor trabajo de extensión universitaria", destacó Hernández. "Cada uno de nosotros, individualmente -explicó por último Natalia Martín- seguramente llevará ropa, alimentos o algo para dejar. Pero como grupo de trabajo, lo importante no es la ropa ni la comida, sino los medicamentos y el conocimiento que podamos dejar, que en esas regiones es muy necesario para prevenir enfermedades que ya no debieran existir, y una forma de vida que por todos los medios habría que tratar de erradicar".
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