26 de Julio de 2000  
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El símbolo del superlujo en el aire
El avión como el que se estrelló ayer en Francia es el más sofisticado del mundo. Vuela a 2.000 km por hora. El pasaje cuesta unos 10 mil dólares

El Concord, único avión supersónico de pasajeros en el mundo, fue un triunfo de la tecnología de la década de 1960; una respuesta europea a la carrera espacial de Estados Unidos y, también, un proyecto que no ha brindado grandes beneficios.
Aunque estos aviones -que comenzaron a prestar servicio en la década de 1970- ya son antiguos, los expertos opinan que no han sufrido mucho deterioro con el paso del tiempo en comparación con otras aeronaves, particularmente porque como no resultan económicos se les ha utilizado poco.

La alta velocidad a que vuelan ayuda también a mantenerlos en buen estado, ya que la fricción que se produce durante un vuelo supersónico evita que el fuselaje se deteriore. Y además, como ningún viaje dura mucho tiempo, tampoco tienen demasiadas horas de vuelo.
Mientras muchos aviones comerciales viajan a un máximo de 900 kilómetros por hora, el Concorde se desplaza a más del doble de la velocidad del sonido y a una altura mucho mayor que el resto del tráfico aéreo.
Con diseño, construcción y operación anglofrancesa, el sistema de geometría variable que caracteriza la nariz móvil del Concorde, así como su enorme ala en delta, fueron creadas en las compañías British Aircraft Corporation -de Gran Bretaña- y la francesa Aerospatiale, que ahora forman parte de la firma BAE Systems Plc y la European Aeronautic Defense & Space Co.
Las firmas Rolls-Royce Plc y Snecma -británica y francesa, respectivamente- fueron las que desarrollaron los poderosos motores del Concorde.
Sin embargo, el diseño ha resultado ampliamente antieconómico tanto para sus fabricantes como para las aerolíneas que lo usan, Air France y British Airways.
En total, se fabricaron solamente 20 de estos aviones, 14 de los cuales permanecen activos.
El avión consume una enorme cantidad de combustible en cada vuelo y requiere de un complicado sistema de mantenimiento, además de que sólo puede transportar unas 100 personas en cada vuelo.
Cuando Gran Bretaña y Francia se unieron para fabricar el Concorde en la década de 1960, la historia de la aviación comercial parecía haber tomado un curso acelerado de desarrollo y crecimiento.
El Comet, de la firma británica De Havilland, y el venerable Boeing 707 estadounidense eran los primeros aviones a reacción para el transporte de pasajeros -que sólo volaban a velocidades subsónicas- y se vio como algo natural que el paso siguiente fuera un proyecto para una aeronave supersónica.
Los soviéticos fabricaron también un avión supersónico, el Tupolev-144, tan similar al Concorde que llegó a conocérsele como el "Concordsky". La majestuosa aeronave soviética hizo su primer vuelo el 31 de diciembre de 1968.
Sin embargo, el Tu-144 tuvo un fin prematuro en 1973, cuando uno de los prototipos se estrelló durante la famosa exhibición aeronáutica de Le Bourget, en París, cobrando la vida de 13 personas.
Posteriormente la estadounidense Boeing diseñó su famoso "Jumbo", el B-747, y se adueñó prácticamente del transporte transatlántico de pasajeros y carga.
British Airways, aunque cuenta con una flota de siete Concordes, tiene sólo dos vuelos diarios con estos aviones entre Londres y Nueva York.
Air France, que tiene actualmente en uso seis Concordes realiza sólo un vuelo diario con la aeronave supersónica, también con destino a Nueva York.
Ambas empresas han logrado mantener operando el Concorde en gran parte gracias a los vuelos "charter" o fletados. El avión que se estrelló el martes había sido alquilado por una empresa turística alemana.
Desde que el Concord comenzó a ser explotado en 1976, es un símbolo de lujo y la máxima sofisticación.

Además de los vuelos regulares entre París o Londres y Nueva York, que cumplen con frecuencia diaria Air France y British Airways, este aparato es fletado a menudo por operadores de viajes de prestigio, como el del vuelo F-4590 de este martes que se estrelló cerca del aeropuerto de Roissy, norte de París, causando por lo menos 113 muertos.
En forma ocasional, los vuelos pueden también ser parte de un sorteo excepcional en concursos organizados por medios de comunicación o empresas. El premio es un lugar entre las 100 butacas del avión legendario.
En el interior del avión, las diferencias sociales también son respetadas, y ello queda claro en la atribución de los lugares.
A menudo, las dos primeras filas son reservadas para los pasajeros importantes, mientras que en general aquellos que hayan ganado un lugar en un concurso son ubicados en la cabina trasera, donde hay un poco más de ruido que adelante.
Las "míticas" plazas son "1A" y "1B", que nunca son atribuidas con anticipación, sino que el personal de escala se ocupa de cederlas a una estrella del espectáculo, un político o simplemente un empresario fiel a la compañía.
Claro que saborear caviar entre París y Nueva York acompañado por estrellas del cine, modelos, o diplomáticos en un avión que vuela a más de 2.000 kilómetros por hora, cuesta más de 7.000 dólares ida y vuelta.
Los pasajeros del Concorde son por demás elitistas y por eso insisten en estar sentados en la cabina delantera.
Para mantener el aura de prestigio del aparato y para rentabilizarlo, las compañías aéreas organizan periódicamente eventos mediáticos.
Así, por ejemplo, para festejar la llegada del año 2000, Air France pidió a los grandes chef franceses Alain Ducasse y Gerard Vie que los pequeños platos fueran colocados en grandes para los pasajeros del Concorde.
En el verano (boreal) de 1999, vuelos Concorde especiales fueron fletados para que embarcaran los privilegiados, los únicos que pudieron ver el eclipse total de Sol durante seis minutos, tres veces más que en la Tierra, gracias a la velocidad supersónica del aparato, que vuela dos veces más rápido que el sonido.

          
©2000 Diario El Día - La Plata, Buenos Aires, Argentina