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SAN PABLO, Brasil.- Una apacible llegada vivió el plantel argentino ayer apenas pasado el mediodía, tanto en el aeropuerto Guarulhos como en el hotel Inter-Continental, lugar de alojamiento del Seleccionado en el barrio Jardins, uno de los más “paquetes” de esta enorme ciudad, una zona en donde se encuentran muchos de los mejores hoteles. En el aeropuerto, la llegada apenas si pasó inadvertida, y en el hotel había unos pocos curiosos que se limitaron a observar el arribo del micro, que llegó al hotel un ratito antes de las dos de la tarde. El único que fue recibido de una manera particular -y no de manera amable, precisamente- fue Juan Sebastián Verón. El jugador de Lazio fue abucheado y se le “recordó” el problema que tiene con la Justicia italiana por el controvertido tema de su nacionalidad. Fueron apenas unos segundos de “hostilidad” y nada más. La delegación se retiró de inmediato a las habitaciones para dormir la siesta. A las 17.30 bajaron a merendar, a las 18.30 hubo atención al periodismo en el hotel y a las 20.30 el equipo llegó al estadio Morumbí para su reconocimiento. Este tema provocó alguna inquietud en el seno de la delegación, porque del lado brasileño había cierta resistencia a que la Selección fuera a pisar el campo de juego. Es que el domingo último, en el Morumbí dieron un recital “Los tres tenores” -Luciano Pavarotti, José Carreras y Plácido Domingo-. No quedó bien la cancha y por eso había cierta reticencia, pero el sentido común imperó y Argentina pudo visitar el Morumbí sin ningún inconveniente. A estadio lleno La preocupación que tenía la Confederación Brasileña de Fútbol sobre la escasa concurrencia al partido de esta noche se disipó ayer. Una multitud se volcó hacia las boleterías del Morumbí para conseguir su localidad, y por lo tanto especulan con que, finalmente, el estadio se colmará. De todas formas, en la ciudad no se vive el clima que uno supone tendría que predominar.
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