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| El clásico le cae a medida al equipo nacional |
SAN PABLO, Brasil.- Le viene justo este partido a la Argentina. Justito para saber bien en qué estado de desarrollo real se encuentra este equipo, de rendimiento numéricamente perfecto y futbolísticamente sólido. El clásico ante Brasil, en el Morumbí, cae como anillo al dedo a esta etapa que vive el conjunto argentino. El partido confrontará a dos rivales tradicionales -algo muy parecido a un River-Boca versión selecciones-, que llegan en momentos diferentes. Muy diferentes. Una Argentina ganadora En primer lugar, la confianza que uno y otro equipo tienen en sí mismos, se ubica en dimensiones opuestas. Argentina transita un camino a todas luces ganador, con escasísimas fisuras en su funcionamiento. Ha salido a ganar sus partidos en todos los terrenos, en casa y afuera. Los ha ganado, y con mucha claridad. Hasta el 1 a 0 ante Bolivia, que en las cifras surge exiguo, en el trámite resultó un dominio abrumador a favor del equipo argentino, que generó no menos de quince situaciones para convertir. Ni hablar del cotejo en Bogotá ante Colombia, en los papeles el más difícil de los que hasta ahora le tocó protagonizar, y que sin embargo fue resuelto con una autoridad indiscutible. Argentina llega a este choque con una firmeza compacta en sus convicciones. Y además, con la ventaja de la tranquilidad. Porque, si bien es cierto que a nadie le gusta perder -y menos contra Brasil-, una derrota en San Pablo no le hará ninguna mella. Un Brasil conflictuado Es muy distinto el clima que se vive en el seno de la selección brasileña. Está quinta en la tabla, viene de perder, ha jugado de mal a muy mal todos sus compromisos -aun los que ganó-, y hasta un empate contra el equipo de Bielsa podría hacer tambalear el futuro de Wanderley Luxemburgo al frente del “scratch”. Los jugadores han quedado muy golpeados, a tal punto que la psicóloga del plantel, Suzy Fleury, ha debido trabajar a destajo después de la derrota ante Paraguay. En el medio han existido fuertes cruces verbales entre el técnico y algunos jugadores. En especial con Cafú, que se fue de la concentración porque al haber sido expulsado contra los paraguayos, no puede jugar esta noche. Luxemburgo dijo que no le dio permiso para irse y el jugador dijo que sí. Así las cosas, todo parece volcarse a favor de Argentina. Sin embargo, decir que Brasil es Brasil no aparece como una perogrullada, en este caso. Favoritismo Suponer que el potencial de juego de Brasil es aún fuerte, que grandes jugadores aparecen en grandes partidos y que el amor propio puede hacerles aflorar todas sus condiciones -vamos, ¿se va a dudar ahora de un Rivaldo o un Roberto Carlos?- no simboliza una medrosa apertura de paraguas. Es nada más que una posibilidad. Argentina parte, quizás como nunca en las últimas décadas, como favorito para ganarle a Brasil en el mismísimo país de la bossa nova y la cashasha. El tema pasa, justamente, por no recostarse demasiado en ese favoritismo.
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